miércoles, 22 de junio de 2011

LA SALUD II - Fundación Favaloro

 La prevención es la herramienta más eficaz y económica para conservar la salud y evitar la aparición de enfermedades. Existen dos tipos de prevención:
- Prevención primaria: está dirigida a las personas sanas y sin antecedentes de problemas cardiovasculares y comprende el conjunto de medidas adoptadas para protegerlas de los efectos de estas patologías. La División de Prevención en conjunto con otras áreas de la Fundación Favaloro ofrecen distintos tipos de evaluaciones para la detección de factores de riesgo y evaluación de riesgo cardiovascular.
- Prevención secundaria: abarca el conjunto de medidas y tratamientos para evitar recaídas o progresiones de la enfermedad en personas que ya sufrieron algún episodio cardiovascular, como un infarto de miocardio, o que hayan sido sometidas a un tratamiento como la angioplastia o la cirugía de bypass aortocoronario. La Fundación Favaloro ha creado su Programa de Educación para la Prevención y Rehabilitación que comprende consultas, charlas y ejercicios programados y supervisados, entre otras actividades y el Programa de Rehabilitación Cardiovascular que se lleva a cabo en un gimnasio especialmente acondicionado para enfermos cardíacos. Para los pacientes con enfermedad cardiovascular conocida o con factores de riesgo, la Fundación Favaloro ofrece evaluaciones en el área de Unidad Metabólica.
Consejos para una alimentación saludable
El colesterol y los alimentos
Como sabemos, el colesterol es el principal factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares. Una alimentación saludable nos puede ayudar a prevenirlo y a disminuirlo.
Carnes
La carne, aunque sea magra, puede consumirse una vez al día, en una porción que no supere los 150 gramos, alternando entre rojas, aves y pescado. La carne vacuna debe limitarse a no más de tres veces por semana.
En materia de carnes rojas los cortes magros son: cuadril, nalga, tapa de nalga, bola de lomo, peceto, lomo, bife angosto, vacío, colita de cuadril, cuadrada, paleta, carré de cerdo, solomillo de cerdo, conejo.
Los semigrasos son: aguja, matambre, bife ancho y entraña.
Debe evitar los cortes más grasos de carnes rojas: asado, cogote, pecho, azotillo y falda.
En cuanto al pollo, su contenido de grasa es menor si se desecha la piel antes de cocinarlo. La parte más magra es la pechuga.
En todos los casos debe eliminarse la grasa visible antes de cocinar los cortes. Las alas y los muslos del pollo son los que contienen más grasas.
Pescados y mariscos   
Los pescados y mariscos tienen menos calorías, grasas y colesterol, pero algunos de ellos contienen, además una interesante proporción de ácidos grasos Omega 3 (considerados grasas saludables) como por ejemplo la caballa, el salmón, la anchoa, la sardina y el atún. También se sugieren la merluza, el lenguado, la brótola y el jurel.
Se recomienda su consumo al menos tres veces por semana.
Alimentos protectores
En la luz verde del semáforo ubicamos los alimentos "protectores", denominados así porque su consumo sirve para conservar una buena salud cardiovascular. Son:
Los alimentos de origen vegetal, ricos en fibra, la cual se une al colesterol y a las grasas y aumenta su eliminación a nivel fecal. Entre otros son:

 - Aceites crudos: oliva, soja, canola, girasol.
-  Semillas de lino, sésamo, girasol, germen de trigo; centeno; arroz integral.
- Cereales integrales y sus derivados; porotos y derivados de la soja.
- Frutas frescas de estación (en lo posible, no solo el jugo sino enteras, para incorporar fibras).
- Vegetales multicolores, aprovechando los de estación.
- Legumbres (soja, lentejas, porotos, garbanzos, etc.).
- Frutas secas como nueces, almendras y avellanas.
- Avena arrollada y salvado de avena.
- Palta.
Lácteos descremados o semidescremados
Pan tipo francés o integral o galletitas con bajo tenor graso
Pastas simples semoladas,  integrales o rellenas con ricota y/o verduras
Clara de huevo y dos huevos enteros por semana
 Alimentos que deben evitarse
Evite alimentos como:
- vísceras (seso, hígado, riñón, mollejas);
- quesos de pasta dura (provolone, gruyere, Mar del Plata, azul, gouda);
- lácteos enteros;
- crema de leche;
- manteca;
- manteca de cacao;
- frituras;
- hamburguesas y otras comidas "chatarra";
- fiambres y embutidos;
- galletitas y amasados de pastelería;
- grasa visible de la carne;
- yema de huevo (aunque pueden consumirse dos huevos enteros por semana);
- mayonesa común y salsa golf;
- coco;
- helados de crema.
Las margarinas y los productos que se elaboran con ellas (galletitas, tapas de empanadas y tartas, golosinas, sopas instantáneas, comidas de rotisería, papas fritas, chizitos, palitos, grisines, alfajores, etc) contienen aceites vegetales hidrogenados (también llamadas "grasas trans"), cuyo efecto es aún más dañino que el de las grasas animales o saturadas.
          Métodos de cocción
Se prefieren los alimentos hervidos, horneados sin aceite o cocidos a la parrilla, al vapor o con el microondas, en lugar de los fritos o salteados.

martes, 21 de junio de 2011

ESTO PASÓ UN DÍA DE JUNIO... - El hombre de la vaca




Omar Viñole se caracterizó por dos
cosas: escribir libros que nadie
entendió y pasearse por los centros
urbanos conversando con una vaca.






Un 5 de junio Omar Viñole y su vaca van a parar a la comisaría en medio de un ruidoso escándalo.
¿Quién era Omar Viñole? Sus contemporáneos lo definieron como loco, genio, santo y revolucionario, pero fue sin duda un personaje extraordinario de la Argentina, en la década del 30.
Viñole nació en Bragado, provincia de Buenos Aires en 1904 y estudió literatura, filosofía, escultura, ciencias, historia y pintura. También se graduó como médico veterinario y esa fue la profesión que ejerció durante un tiempo en la ciudad de Córdoba.
En 1934 viajó a Buenos Aires dispuesto a conmover a la ciudad, afirmando su vocación de "empresario de escándalos". Sus extrañas actividades y declaraciones fueron seguidas paso a paso por el diario Crítica y comenzó a publicar artículos en "Noticias Gráficas".

El blanco de los ataques de Viñole fueron los conservadores, el fascismo nativo, el régimen comunista, pero por sobre todo la hipocresía y la corrupción.
Los escenarios de sus performances fueron desde la calle Florida o el Congreso Nacional hasta un ring de catch en el Luna Park. Publicó más de 40 libros, entre los que se cuentan "Lo que piensa la vaca de Buenos Aires", "El hombre que se depiló la ingle" y "Veronal, o la vaca que tomaba cocaína"  "Mi disconformismo filosófico", "Cien cabezas que se usan", "Cabalgando en un silbido".
Casi todos sus libros están saturados de abstracciones y párrafos absurdos, a veces imposibles de entender.
Viñole se consideraba a sí mismo un escandalizador inteligente, y no estaba tan errado. Era rebuscado, engreído y en ocasiones sumamente tedioso.
También era un puritano que orillaba el exabrupto. Sobre la gente que va a la playa, Viñole escribió: "estos seres tocados de pensamientos sucios, se amontonan hormigueando y husmeando todo género de estupros psicológicos. Hay que castigarlos, porque se reúnen como en la antigüedad romana, en la isla de los orgasmos."
Otras veces, en cambio, era un autor tan inentendible y soporífero que invitaba no solo a cerrar sus libros, sino también a estamparlos contra la pared. Si este era un efecto deseado por el autor, sólo él lo sabe. Así derrapaba Viñole, aburriendo a sus ocasionales lectores con revoltijos como este: "Reimprimo mi desacuerdo con la historiografía y la historiología de los pueblos, por estar todas ellas sumergidas en la ceguera y el error fundamental y al margen del génesis ideal de la vida de la naturaleza, que es el único bien perfectizable, dentro del trascendentalismo vivible o cognoscible." Y la perorata podría seguir y seguir, porque Viñole construyó una profusa bibliografía, tan simpática como poco útil, en base a la técnica de hablar sin decir absolutamente nada. Como fuera, algunos lo escucharon: su libro "Apóstoles, canallas y vividores de la vida pública argentina" fue prologado por el gran Soiza Reilly, un orgullo que muchos habrían deseado.
Para promover sus campañas echó mano a los recursos más extraños, con un increíble sentido de la publicidad.
Ofreció conferencias en las que se presentaba semidesnudo y empapeló de carteles la ciudad.
Pero no se trataba de simples actitudes exibicionistas, porque en sus declaraciones había agudas críticas a una sociedad conformista y venal. En muchas de sus presentaciones apareció acompañado de una vaca con la que dialogaba y manifestaba sus ideas. Por eso, silenciado por la cultura oficial, fue conocido como "el hombre de la vaca".
Viñole con amigos (circa 1936)

En 1935 cuando la policía lo detuvo junto a su vaca, realizaba una protesta contra el diario "La Prensa". Posteriormente después del golpe de 1943, apoyó la candidatura de Perón.
Viñole fue autor de 43 libros, donde a través de la sátira atacaba a la oligarquía y la soberbia de la clase gobernante.
Su escepticismo encontraría hoy a muchos partidarios, que seguramente apoyarían algunas de sus afirmaciones, como: "Todos los hombres honrados que yo conozco, lo eran porque estaban de viaje", o "En nombre de la cultura civica estamos acostumbrados a llevar al Parlamento a los ciudadanos más brutos".
Viñole murió en 1967, sin terminar su proyecto de editar un diario que se llamaría "El país".A Viñole todo le salió mal, incluso después de muerto; nadie se acuerda de él, y sus libros no volvieron a encontrarse en ningún lado, en particular porque nadie los buscó.

lunes, 20 de junio de 2011

HISTORIA - Origen del nombre Buenos Aires


Si bien el nombre dado por 
Juan de Garay fue Santísima Trinidad 
y Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre, terminó imponiéndose sólo una mutación del nombre del puerto y primer nombre de la ciudad: 
Buenos Aires.



 Alguien puede creer que los primeros expedicionarios llegados a estas tierras encontraron  “buenos los aires de Buenos Aires” y de allí explicar las razones del nombre otorgado a la ciudad. De hecho, algunos artículos científicos argumentan que Buenos Aires está situada en una gran planicie abierta donde soplan vientos de todo tipo que limpian la atmósfera evitando la contaminación.
(Madonna di Bonaria)  la patrona de los navegantes
Esta virgen llegó a España de la mano de los marineros y fue allí donde se popularizó su culto, especialmente en el puerto de Sevilla, desde donde partían las expediciones hacia las nuevas conquistas.
Así llegó al Río de la Plata traída por dos sacerdotes que formaron parte del grupo comandado por don Pedro de Mendoza quien llevado por su devoción a la virgen, decidió honrarla otorgándole su nombre a la ciudad fundada. Por eso Buenos Aires fue llamada  “Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire”.
La segunda fundación
Desde la despoblación de Buenos Aires, los habitantes habían manifestado el anhelo de fundar una ciudad sobre las márgenes del Río Paraná. La situación de aislamiento de Asunción, hacía que los productos que llegaban desde España debieran recorrer un largo trayecto en dos etapas. Primero de Panamá a Lima, y luego de Lima a Asunción. Así, Juan de Garay, que había llegado a Asunción desde el Alto Perú en 1568, fundó Santa Fe, en su margen derecha, junta al río San Javier, a mitad de camino entre Asunción y el Río de la Plata. Nombrado Garay, gobernador interino, en ausencia del gobernador Torres de Vera y Aragón, se preocupó por realizar la segunda fundación de Buenos Aires, donde Mendoza había erigido el puerto de Buenos Aires, para continuar su propósito de “abrir puertas a la tierra”, estableciendo una ruta por el Atlántico.
Cuando se despobló Buenos Aires en 1541, hubo abandono de caballos y yeguas, los que naturalmente se multiplicaron. La apropiación de estos equinos, más la asignación de tierras aptas para el cultivo e indios para encomiendas, fue lo ofrecido para quienes estuvieran dispuestos a colaborar en la fundación. Se presentaron sesenta pobladores, que arribaron desde Asunción.
Con sogas se realizó el trazado de la ciudad, un poco más al norte que la de Mendoza, cuya fundación se concretó el 11 de junio de 1580, bajo el nombre de Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires. En el mismo acto se designó a los regidores del Cabildo. La ciudad se fundó en nombre el rey Felipe, del adelantado difunto Don Juan Ortiz de Zárate y del licenciado Juan Torre de Vera y Aragón, su sucesor.
La ciudad fue diseñada de acuerdo a las Ordenanzas de Población de las Leyes de Indias de Felipe II, del año 1573.
Plano de Buenos Aires en 1580

La forma de la ciudad era rectangular, dividida como un tablero de ajedrez. Contaba con cincuenta manzanas, cuarenta y seis urbanas y las restantes destinadas a huertas. Las manzanas urbanas se dividían en cuatro solares, salvo las que se hallaban destinaban al Fuerte, a la Plaza Mayor, al Hospital San Martín de Tours y a los conventos.
Buenos Aires nació como puerto y pronto el nombre de la ciudad, Trinidad, fue olvidado, y comenzó a ser llamada por el nombre de su puerto: Buenos Aires. En 1583, Garay fue muerto por los indios. Buenos Aires, paulatinamente comenzó a adquirir importancia y se convirtió en rival de la ciudad de Lima.
Desde 1932 la ciudad de Buenos Aires le rinde culto a la virgen Bonaira en la iglesia construida en su nombre “Nuestra Señora del Buen Ayre”, ubicada en el barrio de Caballito en las calles Gaona y Espinosa.

sábado, 18 de junio de 2011

SUPLEMENTO LITERARIO - Entrelineasliteral - Junio de 2011







Pío Baroja fue uno de los grandes exponentes de la llamada Generación del 98, conocido por su producción novelística, entre la que destacan títulos como Memorias de un hombre de acción (1935) y Zalacaín el aventurero (1908), que fue llevada al cine en dos ocasiones.
Pío Baroja y Nessi nació en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872. Estudió medicina en Madrid y, tras un corto periodo como médico rural, volvió a la capital iniciando sus colaboraciones periodísticas en diarios y revistas como Germinal, Revista Nueva o Arte Joven, entre otras.
La postura política de Baroja fue evolucionando de una izquierda militante a un escepticismo que no le libró de problemas con la censura franquista al reflejar la Guerra Civil en Miserias de la guerra y A la desbandada, esta última todavía sin publicar.
La obra de Baroja combina tanto novela como ensayo y memorias. Memorias de un hombre de acción apareció en forma de 22 volúmenes a razón de uno por año entre 1913 y 1935. Además, Baroja agrupó su obra en varias trilogías, como Tierra vasca o La juventud perdida.
Baroja fue un novelista influyente y entre sus admiradores se cuentan autores españoles como Camilo José Cela, e internacionales, como lo fueron Ernest Hemingway o John Dos Passos
Debido a su postura política y opciones personales, como su reconocido ateísmo, Baroja no disfrutó de demasiados reconocimientos en vida, aunque fue miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1935.
Falleció en Madrid el 30 de octubre de 1956

La sima
Cuento de Pío Baroja
El paraje era severo, de adusta severidad. En el término del horizonte, bajo el cielo inflamado por nubes rojas, fundidas por los últimos rayos del sol, se extendía la cadena de montañas de la sierra, como una muralla azulado plomiza, coronada en la cumbre por ingentes pedruscos y veteada más abajo por blancas estrías de nieve.
El pastor y su nieto apacentaban su rebaño de cabras en el monte, en la cima del alto de las Pedrizas, donde se yergue como gigante centinela de granito el pico de la Corneja.
El pastor llevaba anguarina de paño amarillento sobre los hombros, zahones de cuero en las rodillas, una montera de piel de cabra en la cabeza, y en la mano negruzca, como la garra de un águila, sostenía un cayado blanco de espino silvestre. Era hombre tosco y primitivo; sus mejillas, rugosas como la corteza de una vieja encina, estaban en parte cubiertas por la barba naciente no afeitada en varios días, blanquecina y sucia.
El zagal, rubicundo y pecoso, correteaba seguido del mastín; hacía zumbar la honda trazando círculos vertiginosos por encima de su cabeza y contestaba alegre a las voces lejanas de los pastores y de los vaqueros, con un grito estridente, como un relincho, terminando en una nota clara, larga, argentina, carcajada burlona, repetida varias veces por el eco de las montañas.
El pastor y su nieto veían desde la cumbre del monte laderas y colinas sin árboles, prados yermos, con manchas negras, redondas, de los matorrales de retama y macizos violetas y morados de los tomillos y de los cantuesos en flor...
En la hondonada del monte, junto al lecho de una torrentera llena de hojas secas, crecían arbolillos de follaje verde negruzco y matas de brezo, de carrascas y de roble bajo.
Comenzaba a anochecer, corría ligera brisa; el sol iba ocultándose tras de las crestas de la montaña; sierpes y dragones rojizos nadaban por los mares de azul nacarado del cielo, y, al retirarse el sol, las nubes blanqueaban y perdían sus colores, y las sierpes y los dragones se convertían en inmensos cocodrilos y gigantescos cetáceos. Los montes se arrugaban ante la vista, y los valles y las hondonadas parecían ensancharse y agrandarse a la luz del crepúsculo.
Se oía a lo lejos el ruido de los cencerros de las vacas, que pasaban por la cañada, y el ladrido de los perros, el ulular del aire; y todos esos rumores, unidos a los murmullos indefinibles del campo, resonaban en la inmensa desolación del paraje como voces misteriosas nacidas de la soledad y del silencio.
-Volvamos, muchacho -dijo el pastor-. El sol se esconde.
El zagal corrió presuroso de un lado a otro, agitó sus brazos, enarboló su cayado, golpeó el suelo, dio gritos y arrojó piedras, hasta que fue reuniendo las cabras en una rinconada del monte. El viejo las puso en orden; un macho cabrío, con un gran cencerro en el cuello, se adelantó como guía, y el rebaño comenzó a bajar hacia el llano. Al destacarse el tropel de cabras sobre la hierba, parecía oleada negruzca, surcando un mar verdoso. Resonaba igual, acompasado, el alegre campanilleo de las esquilas.
-¿Has visto, zagal, si el macho cabrío de tía Remedios va en el rebaño? -preguntó el pastor.
-Lo vide, abuelo -repuso el muchacho.
-Hay que tener ojo con ese animal, porque malos dimoños me lleven si no le tengo malquerencia a esa bestia.
-Y eso, ¿ por qué vos pasa, abuelo?
-¿ No sabes que la tía Remedios tié fama de bruja en tó el lugar?
-¿Y eso será verdad, abuelo?
-Así lo ha dicho el sacristán la otra vegada que estuve en el lugar. Añaden que aoja a las presonas y a las bestias y que da bebedizos. Diz que la veyeron por los aires entre bandas de culebros.
El pastor siguió contando lo que de la vieja decían en la aldea, y de este modo departiendo con su nieto, bajaron ambos por el monte, de la senda a la vereda, de la vereda al camino, hasta detenerse junto a la puerta de un cercado. Veíase desde aquí hacia abajo la gran hondonada del valle, a lo lejos brillaba la cinta de plata del río, junto a ella adivinábase la aldea envuelta en neblinas; y a poca distancia, sobre la falda de una montaña, se destacaban las ruinas del antiguo castillo de los señores del pueblo.
-Abre el zarzo, muchacho -gritó el pastor al zagal.
Éste retiró los palos de la talanquera, y las cabras comenzaron a pasar por la puerta del cercado, estrujándose unas con otras. Asustose en esto uno de los animales, y, apartándose del camino, echó a correr monte abajo velozmente.
-Corre, corre tras él, muchacho -gritó el viejo, y luego azuzó al mastín, para que persiguiera al animal huido.
-Anda, Lobo. Ves a buscallo.
El mastín lanzó un ladrido sordo, y partió como una flecha.
-¡Anda! ¡Alcánzale! -siguió gritando el pastor-. Anda ahí.
El macho cabrío saltaba de piedra en piedra como una pelota de goma; a veces se volvía a mirar para atrás, alto, erguido, con sus lanas negras y su gran perilla diabólica. Se escondía entre los matorrales de zarza y de retama, iba haciendo cabriolas y dando saltos.
El perro iba tras él, ganaba terreno con dificultad; el zagal seguía a los dos, comprendiendo que la persecución había de concluir pronto, pues la parte abrupta del monte terminaba a poca distancia en un descampado en cuesta. Al llegar allí, vio el zagal al macho cabrío, que corría desesperadamente perseguido por el perro; luego le vio acercarse sobre un montón de rocas y desaparecer entre ellas. Había cerca de las rocas una cueva que, según algunos, era muy profunda, y, sospechando que el animal se habría caído allí, el muchacho se asomó a mirar por la boca de la caverna. Sobre un rellano, de la pared de ésta, cubierto de matas, estaba el macho cabrío.
El zagal intentó agarrarle por un cuerno, tendiéndose de bruces al borde de la cavidad; pero viendo lo imposible del intento, volvió al lugar donde se hallaba el pastor y le contó lo sucedido.
-¡Maldita bestia! -murmuró el viejo-. Ahora volveremos, zagal. Habemos primero de meter el rebaño en el redil.
Encerraron entre los dos las cabras, y, después de hecho esto, el pastor y su nieto bajaron hacia el descampado y se acercaron al borde de la sima. El chivo seguía en pie sobre las matas. El perro le ladraba desde fuera sordamente.
-Dadme vos la mano, abuelo. Yo me abajaré -dijo el zagal.
-Cuidiao, muchacho. Tengo gran miedo de que te vayas a caer.
-Descuidad vos, abuelo.
El zagal apartó las malezas de la boca de la cueva, se sentó a la orilla, dio a pulso una vuelta, hasta sostenerse con las manos en el borde mismo de la oquedad, y resbaló con los pies por la pared de la misma, hasta afianzarlos en uno de los tajos salientes de su entrada. Empujó el cuerno de la bestia con una mano, y tiró de él. El animal, al verse agarrado, dio tan tremenda sacudida hacia atrás, que perdió sus pies; cayó, en su caída arrastró al muchacho hacia el fondo del abismo. No se oyó ni un grito, ni una queja, ni el rumor más leve.
El viejo se asomó a la boca de la caverna.
-¡Zagal, zagal! -gritó, con desesperación.
Nada, no se oía nada.
-¡Zagal! ¡Zagal!
Parecía oírse mezclado con el murmullo del viento un balido doloroso que subía desde el fondo de la caverna.
Loco, trastornado, durante algunos instantes el pastor vacilaba en tomar una resolución; luego se le ocurrió pedir socorro a los demás cabreros, y echó a correr hacia el castillo.
Éste parecía hallarse a un paso; pero estaba a media hora de camino, aun marchando a campo traviesa; era un castillo ojival derruido, se levantaba sobre el descampado de un monte; la penumbra ocultaba su devastación y su ruina, y en el ambiente del crepúsculo parecía erguirse y tomar proporciones fantásticas.
El viejo caminaba jadeante. Iba avanzando la noche; el cielo se llenaba de estrellas; un lucero brillaba con su luz de plata por encima de un monte, dulce y soñadora pupila que contempla el valle.
El viejo, al llegar junto al castillo, subió a él por una estrecha calzada; atravesó la derruida escarpa, y por la gótica puerta entró en un patio lleno de escombros, formado por cuatro paredones agrietados, únicos restos de la antigua mansión señorial.
En el hueco de la escalera de la torre, dentro de un cobertizo hecho con estacas y paja, se veían a la luz de un candil humeante, diez o doce hombres, rústicos pastores y cabreros agrupados en derredor de unos cuantos tizones encendidos.
El viejo, balbuceando, les contó lo que había pasado. Levantáronse los hombres, cogió uno de ellos una soga del suelo y salieron del castillo. Dirigidos por el viejo, fueron camino del descampado, en donde se hallaba la cueva.
La coincidencia de ser el macho cabrío de la vieja hechicera el que había arrastrado al zagal al fondo de la cueva, tomaba en la imaginación de los cabreros grandes y extrañas proporciones.
-¿Y si esa bestia fuera el dimoño? -dijo uno.
-Bien podría ser -repuso otro.
Todos se miraron, espantados.
Se había levantado la luna; densas nubes negras, como rebaños de seres monstruosos, corrían por el cielo; oíase alborotado rumor de esquilas; brillaban en la lejanía las hogueras de los pastores.
Llegaron al descampado, y fueron acercándose a la sima con el corazón palpitante. Encendió uno de ellos un brazado de ramas secas y lo asomó a la boca de la caverna. El fuego iluminó las paredes erizadas de tajos y de pedruscos; una nube de murciélagos despavoridos se levantó y comenzó a revolotear en el aire.
-¿Quién abaja? -preguntó el pastor, con voz apagada.
Todos vacilaron, hasta que uno de los mozos indicó que bajaría él, ya que nadie se prestaba. Se ató la soga por la cintura, le dieron una antorcha encendida de ramas de abeto, que cogió en una mano, se acercó a la sima y desapareció en ella. Los de arriba fueron bajándole poco a poco; la caverna debía ser muy honda, porque se largaba cuerda, sin que el mozo diera señal de haber llegado.
De repente, la cuerda se agitó bruscamente, oyéronse gritos en el fondo del agujero, comenzaron los de arriba a tirar de la soga, y subieron al mozo más muerto que vivo. La antorcha en su mano estaba apagada.
-¿Qué viste? ¿Qué viste? -le preguntaron todos.
-Vide al diablo, todo bermeyo, todo bermeyo.
El terror de éste se comunicó a los demás cabreros.
-No abaja nadie -murmuró, desolado, el pastor-. ¿Vais a dejar morir al pobre zagal?
-Ved, abuelo, que ésta es una cueva del dimoño -dijo uno-. Abajad vos, si queréis.
El viejo se ató, decidido, la cuerda a la cintura y se acercó al borde del negro agujero.
Oyóse en aquel momento un murmullo vago y lejano, como la voz de un ser sobrenatural. Las piernas del viejo vacilaron.
-No me atrevo... Yo tampoco me atrevo -dijo, y comenzó a sollozar amargamente.

Los cabreros, silenciosos, miraban sombríos al viejo. Al paso de los rebaños hacia la aldea, los pastores que los guardaban acercabanse al grupo formado alrededor de la sima, rezaban en silencio, se persignaban varias veces y seguían su camino hacia el pueblo.
Se habían reunido junto a los pastores mujeres y hombres, que cuchicheaban comentando el suceso. Llenos todos de curiosidad, miraban la boca negra de la caverna, y, absortos, oían el murmullo que escapaba de ella, vago, lejano y misterioso.
Iba entrando la noche. La gente permanecía allí, presa aún de la mayor curiosidad.
Oyóse de pronto el sonido de una campanilla, y la gente se dirigió hacia un lugar alto para ver lo que era. Vieron al cura del pueblo que ascendía por el monte acompañado del sacristán, a la luz de un farol que llevaba este último. Un cabrero les había encontrado en el camino, y les contó lo que pasaba. Al ver el viático, los hombres y las mujeres encendieron antorchas y se arrodillaron todos. A la luz sangrienta de las teas se vio al sacerdote acercarse hacia el abismo. El viejo pastor lloraba con un hipo convulsivo. Con la cabeza inclinada hacia el pecho, el cura empezó a rezar el oficio de difuntos; contestábanle, murmurando a coro, hombres y mujeres, una triste salmodia; chisporroteaban y crepitaban las teas humeantes, y a veces, en un momento de silencio, se oía el quejido misterioso que escapaba de la cueva, vago y lejano.
Concluidas las oraciones, el cura se retiró, y tras él las mujeres y los hombres, que iban sosteniendo al viejo para alejarle de aquel lugar maldito.
Y en tres días y tres noches se oyeron lamentos y quejidos, vagos, lejanos y misteriosos, que salían del fondo de la sima.
FIN


Médium
Cuento de Pío Baroja

Soy un hombre intranquilo, nervioso, muy nervioso; pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido. He analizado todo, he profundizado todo, y vivo intranquilo. ¿Por qué? No lo he sabido todavía.
Desde hace tiempo duermo mucho, con un sueño sin ensueño; al menos, cuando me despierto, no recuerdo si he soñado; pero debo soñar; no comprendo por qué se me figura que debo soñar. A no ser que esté soñando ahora cuando hablo; pero duermo mucho; una prueba clara de que no estoy loco.
La médula mía está vibrando siempre, y los ojos de mi espíritu no hacen más que contemplar una cosa desconocida, una cosa gris que se agita con ritmo al compás de las pulsaciones de las arterias en mi cerebro.
Pero mi cerebro no piensa, y, sin embargo, está en tensión; podría pensar, pero no piensa... ¡Ah! ¿Os sonreís, dudáis de mi palabra? Pues bien, sí. Lo habéis adivinado. Hay un espíritu que vibra dentro de mi alma. Os lo contaré:
Es hermosa la infancia, ¿verdad? Para mí, el tiempo más horroroso de la vida. Yo tenía, cuando era niño, un amigo; se llamaba Román Hudson; su padre era inglés, y su madre, española.
Le conocí en el Instituto. Era un buen chico; sí, seguramente era un buen chico; muy amable, muy bueno; yo era huraño y brusco.
A pesar de estas diferencias, llegamos a hacer amistades, y andábamos siempre juntos. Él era un buen estudiante, y yo, díscolo y desaplicado; pero como Román siempre fue un buen muchacho, no tuvo inconveniente en llevarme a su casa y enseñarme sus colecciones de sellos.
La casa de Román era muy grande y estaba junto a la plaza de las Barcas, en una callejuela estrecha, cerca de una casa en donde se cometió un crimen, del cual se habló mucho en Valencia. No he dicho que pasé mi niñez en Valencia. La casa era triste, muy triste, todo lo triste que puede ser una casa, y tenía en la parte de atrás un huerto muy grande, con las paredes llenas de enredaderas de campanillas blancas y moradas.
Mi amigo y yo jugábamos en el jardín, en el jardín de las enredaderas, y en un terrado ancho, con losas, que tenía sobre la cerca enormes tiestos de pitas.
Un día se nos ocurrió a los dos hacer una expedición por los tejados y acercarnos a la casa del crimen, que nos atraía por su misterio. Cuando volvimos a la azotea, una muchacha nos dijo que la madre de Román nos llamaba.
Bajamos del terrado y nos hicieron entrar en una sala grande y triste. Junto a un balcón estaban sentadas la madre y la hermana de mi amigo. La madre leía; la hija bordaba. No sé por qué, me dieron miedo.
La madre con su voz severa, nos sermoneó por la correría nuestra, y luego comenzó a hacerme un sinnúmero de preguntas acerca de mi familia y de mis estudios. Mientras hablaba la madre, la hija sonreía; pero de una manera tan rara, tan rara...
-Hay que estudiar -dijo, a modo de conclusión, la madre.
Salimos del cuarto, me marché a casa y toda la tarde y toda la noche no hice más que pensar en las dos mujeres.
Desde aquel día esquivé como pude el ir a casa de Román. Un día vi a su madre y a su hermana que salían de una iglesia, las dos enlutadas; y me miraron y sentí frío al verlas.
Cuando concluimos el curso ya no veía a Román: estaba tranquilo: pero un día me avisaron de su casa, diciéndome que mi amigo estaba enfermo. Fui, y le encontré en la cama, llorando, y en voz baja me dijo que odiaba a su hermana. Sin embargo, la hermana, que se llamaba Ángeles, le cuidaba con esmero y le atendía con cariño; pero tenía una sonrisa tan rara, tan rara...
Una vez, al agarrar de un brazo a Román, hizo una mueca de dolor.
-¿Qué tienes? -le pregunté.
Y me enseñó un cardenal inmenso, que rodeaba su brazo como un anillo.
Luego, en voz baja, murmuró:
-Ha sido mi hermana.
-¡Ah! Ella...
-No sabes la fuerza que tiene; rompe un cristal con los dedos, y hay una cosa más extraña: que mueve un objeto cualquiera de un lado a otro sin tocarlo.
Días después me contó, temblando de terror, que a las doce de la noche, hacía ya cerca de una semana que sonaba la campanilla de la escalera, se abría la puerta y no se veía a nadie.
Román y yo hicimos un gran número de pruebas. Nos apostábamos junto a la puerta..., llamaban..., abríamos..., nadie. Dejábamos la puerta entreabierta, para poder abrir en seguida... ; llamaban..., nadie.
Por fin quitamos el llamador a la campanilla, y la campanilla sonó, sonó..., y los dos nos miramos estremecidos de terror.
-Es mi hermana, mi hermana -dijo Román.
Y, convencidos de esto, buscamos los dos amuletos por todas partes, y pusimos en su cuarto una herradura, un pentagrama y varias inscripciones triangulares con la palabra mágica: «Abracadabra.»
Inútil, todo inútil; las cosas saltaban de sus sitios, y en las paredes se dibujaban sombras sin contornos y sin rostro.
Román languidecía, y para distraerle, su madre le compró una hermosa máquina fotográfica. Todos los días íbamos a pasear juntos, y llevábamos la máquina en nuestras expediciones.
Un día se le ocurrió a la madre que los retratara yo a los tres, en grupo, para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos hijos. Enfoqué, y por si acaso me salía mal, impresioné dos placas. En seguida Román y yo fuimos a revelarlas. Habían salido bien; pero sobre la cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.
Dejamos a secar las placas, y al día siguiente las pusimos en la prensa, al sol, para sacar las positivas.
Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea. Al mirar la primera prueba, Román y yo nos contemplamos sin decirnos una palabra. Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer de facciones parecidas a las suyas. En la segunda prueba se veía la misma sombra, pero en distinta actitud: inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído. Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos, paralizados. Ángeles miró las fotografías y sonrió, sonrió. Esto era lo grave.
Yo salí de la azotea y bajé las escaleras de la casa tropezando, cayéndome, y al llegar a la calle eché a correr, perseguido por el recuerdo de la sonrisa de Ángeles. Al entrar en casa, al pasar junto a un espejo, la vi en el fondo de la luna, sonriendo, sonriendo siempre.
¿Quién ha dicho que estoy loco? ¡Miente!, porque los locos no duermen, y yo duermo... ¡Ah! ¿Creíais que yo no sabía esto? Los locos no duermen, y yo duermo. Desde que nací, todavía no he despertado.
FIN

EL DICCIONARIO
Palabritas raras

- Átmicos: nirvánicos (derivado del nirvana).
- Solecismo: Falta de sintaxis; error cometido contra las normas de algún idioma.
- Teriantropía: es la supuesta habilidad de cambiar de forma humana a animal y viceversa.
- Cinantropia: fue aplicado en 1901 a los mitos chinos acerca de humanos que se transformaban el perros, perros que se transformaban en humanos, y relaciones sexuales entre humanos y canes.
- Caruncho: parece referirse a un conjunto de insectos.
- Pediluvios: Baño de pies tomado por medicina.
- Oxífraga: Quebrantahuesos.
- Impétigo: Dermatosis inflamatoria e infecciosa por la aparición de vesículas aisladas o aglomeradas en cuyo interior se encuentra algo de pus.
- Parasangas: Medida itineraria equivalente a 5250 m, usada por los persas desde tiempos muy remotos.
- Perlético: Muy flaco y enfermo. Tísico.
- Proparoxítono: esdrújulo. 
- Hiperdulía: culto de hiperdulía, el que se tributa a la Virgen. 

lunes, 30 de mayo de 2011

QUIÉN ERA? Homero Manzi



 Fue poeta por encima de todo, un poeta esencial. La sensibilidad ante “el dolor de los demás” lo llevó al compromiso político encarado con pureza y radicalidad.






 Homero Nicolás Manzione Prestera , nació en Añatuya, Santiago del Estero, el 1 de noviembre de 1907. Fue un letrista, político y director de cine argentino, autor de varios tangos y milongas muy famosos, entre ellos Barrio de tango, Malena, Milonga sentimental, Romance de Barrio, y Sur
Adhirió desde muy joven a la Unión Cívica Radical donde seria un claro exponente de la ideología yrigoyenista. Vivió gran parte de su vida en el barrio de Nueva Pompeya que le sirvió de inspiración en muchos de sus tangos. Hoy posee una calle a su nombre y una imagen en la plaza principal del barrio que recuerda su figura y su paso por FORJA.
Fue el quinto hijo de Luis Manzione, modesto hacendado, y de Ángela Prestera, entrerriana de Concepción del Uruguay, llegaría a tener ocho hermanos. Se crió en Añatuya, provincia de Santiago del Estero hasta los nueve años; cuando fue trasladado por su madre a Buenos Aires en tanto el padre trabajaba en Añatuya. La familia regresaba de vacaciones a su ciudad natal. De su infancia en el barrio de Pompeya data su familiaridad con la cultura del arrabal porteño, siempre presente en su obra. Sin embargo, Manzi destacaba su filiación del interior y, en ocasiones, firmó con el seudónimo Arauco ("rebelde" en quichua), para enfatizar su afinidad con la identidad santiagueña.

En Buenos Aires, trabó amistad con Cátulo Castillo, quien sería otro destacado letrista de tango. Bajo su influencia, y sobre todo de su padre José González Castillo, un escritor de cierto renombre, se dedicó a la literatura. Aún adolescente se introdujo en el teatro, escribió, dirigió y actuó en producciones locales. Mientras, comenzó su actividad de letrista; en 1922 escribió la primera de sus obras que se conserva, ¿Por qué no me besás?, grabada por Ignacio Corsini en 1926. De esa época data el tango Viejo ciego, que presentó al concurso de la revista "El alma que canta".
Tras una breve incursión en el periodismo, Manzi trabajó como profesor de literatura y en los colegios nacionales Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento hasta 1930. Afiliado a la Unión Cívica Radical, por su apoyo militante al derrocado Hipólito Yrigoyen, y activista de la Reforma Universitaria, el gobierno de facto de Uriburu lo encarceló por un tiempo breve y lo expulsó de ambas cátedras. Exonerado de sus responsabilidades docentes, optó por dedicarse por entero al arte; organizó una compañía de danza con la que salió de gira por el interior del país, por Chile y por Perú. Daniela, es la persona mas hermosa del mundo (dijo la reunión cívica radical). La tal novia secreta que tuvo el de Uruguay.

De izquierda a derecha: Cátulo Castillo, Homero Manzi, Sebastián Piana y Pedro Maffia
El renovado contacto con los géneros folclóricos lo estimuló, junto con Sebastián Piana, a revalorizar el alicaído género de la milonga. Su Milonga del 900 (1932) marcó la renovación del género, al que aportó una complejidad poética sin precedentes; la Milonga sentimental, poco posterior, fue grabada por Carlos Gardel. Más tarde realizaria la letra de Malena y uno de sus tangos más famosos: Sur.

FORJA
En 1935, insatisfecho con la dirección alvearista de la UCR participó de la fundación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) junto con Arturo Jauretche, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz. FORJA, un movimiento que preconizaba el retorno a los principios federalistas de la Constitución, hispanoamericanista y antiimperialista, criticó activamente la política del gobierno durante la llamada Década Infame por su sumisión a los intereses del capital internacional. 
No menos crítico con la oposición de Alvear, cuya complicidad con los intereses de la burguesía porteña era patente, Manzi resaltó los efectos perniciosos de la introducción de capitales extranjeros para con el interior; de acuerdo a una conocida definición suya, "Santiago del Estero no es una provincia pobre, sino una provincia empobrecida". Sus acciones le valieron ser expulsado de la Facultad de Derecho.

Durante esos años redobló su producción literaria, e incursionó en el cine. Ya había musicalizado algunas películas, pero produjo en estos años varios guiones, entre ellos el de Nobleza gaucha, de Sebastián Naón -la película muda de más éxito de la historia del cine argentino-, Escuela de campeones, Todo un hombre (con Francisco Petrone), Donde mueren las palabras y Rosa de América. Adaptó también para el cine, en colaboración con Ulyses Petit de Murat la novela La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones, que dirigiría Lucas Demare con el mismo nombre en 1942. Ese año fundó la Artistas Argentinos Asociados, junto con Petrone, Demare, Sebastián Chiola y el productor García Smith, que sería uno de los pilares de la cinematografía nacional.
El peronismo
Recién a fines de 1947 Manzi se acercó al peronismo por lo cual fue expulsado del radicalismo, lo que motivó que el 16 de diciembre de 1947 pronunciara un discurso en horario central por Radio Belgrano en el cual entre otros conceptos dijo: "Perón, como dijo Farías Gómez, es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen. Mientras siga siendo así, nosotros continuaremos creyéndole, seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios".
Su admiración por Perón quedó plasmada luego en su poema Versos de un payador al General Juan Perón.
En 1948 fue electo presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, S.A.D.A.I.C. Ese mismo año dirigió Pobre mi madre querida, sobre guión propio. En 1950 repitió con El último payador. Para ese entonces, sin embargo, se encontraba ya gravemente enfermo de cáncer. Seguía escribiendo, colaborando sobre todo con Aníbal Troilo, para quien escribiera la letra de Sur. Poco antes de su muerte compuso dos milongas -Milonga a Perón y Milonga a Evita- para Hugo del Carril. 

El final
 En la etapa final de su enfermedad mortal -y lo sabía-, una de esas noches, en la infinita desolación de la sala de hospital, Manzi imagina un tango diferente. Se entusiasma, y con enorme esfuerzo garabatea con un lápiz de tinta en un trozo de papel que encuentra sobre la mesita de noche. Después toma un teléfono -su fama le daba algunos privilegios-,  y disca con dificultad el número del gordo Troilo y le cuenta de ese nuevo tango y se lo lee, mientras el gordo -del otro lado-, toma su bandoneón y le va poniendo música.
Pocos días después de esa comunicación telefónica en la alta madrugada, más precisamente el 3 de mayo de 1951, moría Homero Manzione, un porteño de pura cepa que había nacido en Santiago del Estero pero que vivió en Buenos Aires desde niño. Fue poeta por encima de todo, un poeta esencial. La sensibilidad ante “el dolor de los demás” lo llevó al compromiso político encarado con pureza y radicalidad.

Pocos conocían a Manzione a su muerte... Pero miles acompañaron a Homero Manzi —quizá el más grande poeta que dio el tango canción— hasta su última morada. Antes lo velaron sus amigos: los músicos de tango, pero también la gente de teatro, del cine y la radio, medios para los que escribiera libretos y argumentos. Pero como artista popular que había sido, una caravana interminable desfiló ante su cuerpo quieto, de la que formaron parte desde simples vecinos provenientes de todos los rincones de la gran ciudad hasta el entonces propio presidente Perón.

  
Definiciones para esperar mi muerte - Poema de Homero Manzi

Puedo cerrar los ojos
lejos de las pequeñas sonrisas que conozco.
Escuchando estos ruidos recién llegados.
Viendo esas caras nuevas.
Como si de pronto
los mil lentes de la locura
me transladaran a un planeta ignorado.
Estoy lleno de voces y de colores
que juraron acompañarme hasta la muerte
como amantes resignadas
al breve paso de mi eternidad.
Sé que hay recuerdos que querrán abandonarme
sólo cuando mi cuerpo hinche un hormiguero sobre la tierra.
Sé que hay lágrimas largamente preparadas para mi ausencia.
Sé que mi nombre resonará en oídos queridos
con la perfección de una imagen.
Y también sé que a veces dejará de ser un nombre
y será un par de palabras sin sentido.
Estoy lleno de voces y de colores.
Unas veces recogidos en el sonambulismo
de la marcha.
Otras, inventados tras mi propia soledad.
Con ellos se integrará un cortejo final de despedida.
Se cambiarán en lágrimas y palabras piadosas.
Pero hoy, en medio de lo que todavía no he podido amar;
evoco a los marinos encerrados en las paredes altas dela tormenta;
a los soldados caídos sobre hierbas lejanas;
a los peregrinos que duermen bajo la sombra de árboles innominados;
a los niños que yacen contemplando el yeso de los hospitales
y a los deseperados, que entregan el último gesto
frente al paisaje final e instantáneo de la demencia.  


domingo, 29 de mayo de 2011

LA CIUDAD: El Palacio de Tribunales

El Palacio de Justicia de la Nación (más conocido popularmente como Palacio de Tribunales, o simplemente Tribunales) es un complejo arquitectónico estatal ubicado en Buenos Aires, donde es sede de la Corte Suprema y otros tribunales menores.
El edificio original fue proyectado por el arquitecto francés Norbert Maillart en 1889, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, pero el Pánico de 1890 paralizó el inicio de la construcción durante casi 20 años. Fue recién durante la segunda presidencia de Julio A. Roca que se retomó el proyecto, aprobándose el inicio de las obras en 1904 e iniciándose en 1905.

Una parte del Palacio de Justicia fue inaugurada en 1910 por el presidente José Figueroa Alcorta, en el marco del Centenario de la Revolución de Mayo. Sin embargo, faltaba aún mucho por construir, y la Corte Suprema se instaló en el nuevo edificio recién en 1912, momento en el cual Maillart se desvincula de la dirección de la obra y abandona la Argentina. En 1914, en el marco del estallido de la Primera Guerra Mundial y por problemas administrativos y presupuestarios, la obra queda suspendida, para retomarse recién en la década de 1920.


Hacia 1925, el proyecto original fue modificado sobre la marcha debido al crecimiento del Poder Judicial, de tal forma que el remate original del edificio, que contemplaba una mansarda, cedió a un piso más, ganando la superficie necesaria. En ese momento se agregaron a la fachada las dos estatuas que coronan el remate y sostienen las tablas de la ley. Aún así, faltaban numerosos detalles en los interiores.

Se dice que el Palacio de Justicia fue completamente terminado recién en 1942, cuando se finalizó la Sala de Audiencias y el presidente Ramón Castillo inauguró un Cristo donado por el Gobierno de Santa Fe, réplica del que se encuentra en dicha ciudad donde se reunió la Convención Constituyente en 1853. Los actuales portones de la fachada serían colocados recién en 1973.


Luego de décadas sin el mantenimiento adecuado, las fachadas principales (calles Talcahuano y Uruguay) del Palacio de Justicia fueron restauradas por etapas, junto con los interiores del edificio, entre los años 2002 y 2007. En 2010, comenzaron las obras faltantes, correspondientes a los frentes laterales a las calles Viamonte y Lavalle, últimas necesarias para que el exterior del edificio recupere su aspecto original, ya que se encontraba deteriorado y deslucido por la adhesión de hollín a su superficie.

En el interior del edificio pueden observarse la estatua "Justicia" de Rogelio Yrurtia, un busto de José de San Martín de Luis Perlotti, y una réplica de la bandera de los Andes, así como el "Patio de Honor" y la Sala de audiencias de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Para diseñar los numerosos ornamentos de la fachada, llegó desde Milán el arquitecto Virginio Colombo, quien terminaría instalándose en Buenos Aires y transformándose en uno de los representantes más brillantes de la corriente art nouveau en la arquitectura local.

sábado, 28 de mayo de 2011

NOTA DE TAPA - 37ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires






La Feria Internacional del 
Libro de Buenos Aires, 
es una verdadera ciudad de libros, 
un catálogo nacional e internacional de industrias editoriales y una fiesta de la cultura. Desde 1975, año en 
que se realizó por primera vez, fue adquiriendo
importancia creciente, hasta convertirse en la 
muestra más importante de Latinoamérica y 
destacado referente a nivel mundial; 
convocando a más de un millón 
de asistentes cada año.





  
Con  anterioridad a la Feria Internacional, hubo en Buenos Aires exposiciones y ferias de libros. La del año 1930 en la Plaza de la República, es quizás la más recordada. Hubo otras en paseos, parques y en el Cabildo de Buenos Aires.
Primera etapa: El libro sale en busca del lector
En el año 1971, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) comenzó un plan que tenía como premisa encontrar el medio más hábil para la difusión del libro. Es así que organizaron (durante los años 72, 73 y 74) 35 ferias de libros en las calles, parques y plazas de Buenos Aires y en algunas ciudades del interior.

Todas estas ferias callejeras eran algo más que lugares de ventas de libros. Se levantaban tablados donde se leían poemas, se hacía ballet, música, representaciones teatrales, etc. Al mismo tiempo en las bibliotecas públicas municipales se dictaban conferencias como extensión de estas exposiciones. Las ferias se pusieron bajo distintas evocaciones (la semana de la poesía, etc.)
Segunda etapa: El lector busca su libro
En el año de 1974, la SADE convocó a las Cámaras editoras (Cámara Argentina del Libro, Cámara Argentina de Publicaciones, Sector de libros y revistas de la Cámara Española de Comercio), Argentores y la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines, para organizar una feria “internada”, en donde el público iba en busca del libro. A estas entidades se añadió la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines. La organización fue durante varios años la de una sociedad de hecho, hasta que en 1985 se convirtió en la Fundación El Libro, entidad civil sin fines de lucro constituida por las entidades mencionadas anteriormente.
Desde sus orígenes hasta la actualidad, la Feria ha crecido exponencialmente año tras año, transformándose en un evento emblemático de la industria cultural argentina e internacional.
36 años de ilustres invitados
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires surgió bajo la premisa de reunir, en un mismo ámbito, a lectores y autores. Es por eso que, a lo largo de 36 muestras, hemos recibido la visita de ilustres autores locales y extranjeros.
La Feria abre sus puertas en el mes de abril de cada año y se desarrolla en La Rural, Predio Ferial de Buenos Aires, durante 19 días. Antes de la apertura al público se realizan las Jornadas de Profesionales, las Jornadas Internacionales de Educación y la Reunión Nacional de Bibliotecarios
Entre los autores mundialmente reconocidos que llegaron a Buenos Aires para encontrarse con sus lectores, los nombres van desde Enrique Vila Matas y Paul Auster a Wilbur Smith en una amplia curva que incluye a Ray Bradbury, Italo Calvino, Susan Sontag, Camilo José Cela, José Saramago, Mario Vargas Llosa, Muhammad Yunus, Brian Aldiss, Manuel Vázquez Montalbán, Ángeles Mastretta, Rosa Montero, Fernando Savater, Roger Chartier, Julián Marías, Claudio Magris, Joan Manuel Serrat, Isabel Allende, Arturo Pérez Reverte,
Fueron habitués de nuestra Feria escritores argentinos de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Bullrich, María Esther De Miguel, Marco Denevi, Tomás Eloy Martínez, Roberto Fontanarrosa, Beatriz Guido, Manuel Mujica Láinez y Olga Orozco.
Además participan asiduamente Quino, Abelardo Castillo, Alicia Steinberg, Vlady Kociancich, Andrés Rivera, Ernesto Sábato, María Esther Vázquez, Liliana Heker, Santiago Kovadloff y Sylvia Iparraguirre entre tantísimos otros escritores de nuestro país. 


jueves, 26 de mayo de 2011

MEDICINA NATURAL - El Ganoderma Lucidum y sus usos terapéuticos

2ª Nota

Algunas enfermedades con más mortalidad en la población son: enfermedad vascular cerebral y enfermedades coronarias, ambas ligadas al sistema circulatorio. Una de cada tres personas muere cada día por algunas de las enfermedades antes mencionadas. La mayor incidencia de estas enfermedades está unida a la adopción de los hábitos alimenticios norteamericanos: carne, carbohidratos, exceso de sodio, falta de fibra, cambios en los componentes básicos de los alimentos por el procesamiento que se les da a los mismos, y la adición de los conservadores químicos.

El Ganoderma Lucidum Previene la Flebitis y Trombosis: El trombo (coágulo de sangre), es directamente responsable de problemas como apoplejía, aneurisma, fallo miocárdico. Las venas obstruídas impiden libremente la circulación, limitando el suministro a las extremidades, causante de inflamación o gangrena en estas partes. Se llevaron a cabo estudios en los cuales se demostró que el Ganoderma L. inhibe la agregación plaquetaria, refuerza las membranas externas de los corpúsculos rojos, esto sin presentar efectos colaterales. Al promover la buena circulación, eliminando los trombos del torrente sanguíneo, la persona se siente con más vitalidad y se aminora el deterioro mental y físico.

El Ganoderma L. Elimina la Acumulación de Colesterol y Promueve la Circulación Sanguínea: Cuando hay una acumulación de almidón, proteínas y ácidos grasos en el torrente sanguíneo, se origina la hipo colesterolhemia, que está ligada a hipertensión, apoplejía, ataques cardíacos, obesidad, enfermedades del hígado y pulmón. El colesterol también obstaculiza el sistema circulatorio, dando como resultado insomnio, ataques de ansiedad, vértigo y fatiga. La función de la sangre es la de transportar oxígeno y nutrientes a todo el organismo; cuando la hipercolesterolemia ocurre, la viscosidad es mayor, lo que impide una circulación fluida y los nutrientes no pueden llegar hasta las extremidades como fácilmente lo harían en condiciones normales. La inmunidad también se ve diminuida dada la ausencia de nutrientes.

El Ganoderma L. Previene Hipertensión e Hipotensión (Normopresor): De acuerdo a las estadísticas de World Health Organization (WHO), la presión que excede 189 (presión sistólica) y mayor de 89 (presión diastólica) es considerada alta. Si la presión sistólica es menor a 100 es considerada baja. La presión sistólica es la medida de la presión mayor durante el ciclo cardiaco; es la fuerza de contracción empleada por el músculo cardiaco para enviar sangre a los vasos sanguíneos. La presión alta acarrea más riesgos, indica pérdida de elasticidad en las venas.
Cuando los vasos sanguíneos están obstruidos, la presión es más alta. En un estudio clínico llevado a cabo con ratones hipertensos y con incidencia de hemorragia cerebral, fueron dosificados con Ganoderma L. a una concentración de 100 mg./kg./día, durante dos semanas. Otro grupo testigo no recibió Ganoderma L.; al primer grupo la presión comenzó a bajarle a las 5 horas y se estabilizó en los siguientes 14 días. La disminución total fue del 20%.

El Ganoderma L. es capaz de Disminuir las Reacciones Alérgicas: Cuando entra un cuerpo extraño. En condiciones normales la cantidad de anticuerpos es proporcional al grado de daño. La alergia ocurre cuando los anticuerpos en gran cantidad, atacan al cuerpo extraño y a los propios tejidos, en esos momentos actúan como toxinas, destruyendo los tejidos corporales. Los síntomas de alergia incluyen: prurito (comezón), dificultad para respirar, escurrimiento nasal de moco transparente, entre otros; diversos medicamentos supresores de alergenos ayudan a disminuir los síntomas pero por corto tiempo. Para erradicar totalmente los síntomas el irritante intrínseco debe ser removido del sistema.

El LANOSTAN encontrado en el Ganoderma L. puede favorecer la eliminación de alergenos.
Efectos del Ganoderma L. en problemas Ginecológicos: El Ganoderma L. es efectivo en cólicos menstruales, menopausia, dificultad para embarazarse. Es auxiliar para incrementar el apetito y fortalecerse durante el embarazo, también actúa como hemocatártico, diurético y desintoxicante después del parto, evita abortos espontáneos y en general promueve el bienestar físico y mental de la madre. En el sistema reproductor regula la ovulación de la mujer y en el hombre activa la producción de espermatozoides.

Ganoderma L. Altamente Efectivo para Enfermedades Renales: Las enfermedades renales se encuentran entre las de más difícil curación, incluyendo la nefritis crónica, síndrome del diabético renal, nefrosis y fiebre reumática. Se encontró que el Ganoderma L. no solo puede disminuir proteinuria y colesterolhemia, sino que también mantiene la apropiada función renal. Basados en estudios realizados en Japón se determinó que las enfermedades renales son curables en un porcentaje con el uso del Ganoderma L.

miércoles, 25 de mayo de 2011

CIENCIA - Los diez experimentos más crueles y extraños de la historia



Tusko, el elefante, vivía lo más tranquilo en el zoológico de Lincoln Park, en Oklahoma, cuando Warren Thomas, director del zoo, se acercó a él pensando que haría una gran contribución a la ciencia. Era el año 1962, cuando Thoms le inyectó una jeringa llena de LSD al elefante Tusko.
Luego de unos minutos, Tusko revoleaba la trompa para todos lados, furioso, antes de caer rendido como si hubiese recibido un disparo. Una hora más tarde estaba muerto. Thomas y sus colegas concluyeron entonces que “Al parecer el elefante es altamente sensible a los efectos del LSD”.
35 años después el pobre Tusko era reconocido por su puesto en la ciencia, con el primer puesto en la lista de los experimentos científicos más estúpidos de la historia, compilados por la revista New Scientist.
El autor de la lista, Alex Boase, luego escribió un libro, con muchos más experimentos del estilo, llamado Elephants on Acid and Other Bizarre Experiments.
“Comencé a coleccionar ejemplos de experimentos bizarros hace años cuando estudiaba historia de la ciencia en la universidad”, dijo Boase al periódico Times, “Confieso que no tuve un motivo intelectual, simplemente los encuentro fascinantes”.

El Top Ten es el siguiente

1) El elefante y el ácido.
Aquí entra el que ya comentamos, en el que Warren Thomas inyectó 297 miligramos de LSD a un elefante, que es 3000 veces la dosis humana. Quería saber si con esta droga alucinógena podía inducir el musth, un estado de los elefantes que se da una vez al año, cuando tienen un incremento de la excitación sexual, lo que los vuelve más agresivos.
El resultado fue un desastre de relaciones publicas, ya que mató al elefante. Adujeron en su defensa que no esperaban que pudiese pasar eso, ya que ellos habían probado el ácido también.

2) Terror en los cielos
También en los 60, diez soldados en un entrenamiento de vuelo fueron informados por el piloto de que el avión no funcionaba bien y tendrían que aterrizar en el océano. Luego se les acercó un formulario de seguro de vida antes del accidente, para que el ejército no fuese responsable de las muertes o heridas.
Pero el asunto es que en realidad eran parte de un experimento, no pasaba nada con el avión, sino que un grupo de científicos quería saber si los soldados cometían más errores al llenar un formulario si su vida estaba en peligro… sí, leyeron bien.

3) Cosquillas
En los años 30, el profesor de psicología Clarence Leuba, de Ohio, tenía la hipótesis de que la gente aprendía a reírse cuando le hacían cosquillas, no que era algo innato. Lo probó en so propio hijo, que apenas nació prohibió a toda la familia que se riese en relación a las cosquillas cuando el niño estaba presente.
Pero el experimento se le frustró cuando descubrió a su esposa jugando con el niño, haciéndole cosquillas, y riendo. Pero Leuba, no se amilanó y volvió a probar con su hermana…

4) Caras pintadas y ratas descabezadas
En 1924 Carney Landis, de la Universidad de Minnesota, quiso investigar las expresiones faciales de disgusto. Para poder exagerar las expresiones, dibujó líneas en los rostros de los voluntarios con un corcho quemado, antes de pedirles que olieran amoníaco, que escucharan jazz, que mirasen fotografías o pusieran la mano en un balde lleno de sapos.
Luego le pedía al voluntario que decapitara una rata blanca. A pesar de que todos dudaban, y algunos maldecían o lloraban, la mayoría aceptaron hacerlo, mostrando lo fácil que mucha gente se inclina ante la autoridad. Las imágenes quedaron muy raras. Boese cuenta “Parecen miembros de un culto preparándose para hacer un sacrificio al gran dios del experimento”.

5) Los muertos vivos
Robert Cornish, de la Universidad de Carlifornia, creía, en los años 30, que había perfeccionado una forma de levantar a los muertos. Experimentó poniendo a los muertos en un subibaja para hacer circular la sangre, mientras les inyectaba adrenalina y anticoagulantes.
Luego de aparentes éxitos experimentando con perros estrangulados, consiguió un prisionero condenado a muerte, Thomas McMonigle, que aceptó ser un conejillo de indias. Pero el estado de California le negó el permiso a Cornish, por miedo a que tuviesen que liberar a McMonigle si la técnica funcionaba… ¿Eh? ¿Que por qué no se lo negaron por locura? No sé.

6) Comida de uñas subliminal
En 1942, Lawrence LeShan intentó influenciar a un grupo de jóvenes de forma subliminal para que dejasen de comerse las uñas. Mientras dormían, les pasaba un disco con una voz diciendo: Mis uñas saben terriblemente amargas”. Pasó que el tocadiscos se rompió, así que él mismo decía el diálogo todas las noches.
Y pareció funcionar, ya que para el final del verano el 40 por ciento de los niños dejó de comerse las uña. Aunque la explicación de Boese suena más interesante, según él los niños pensban “Si dejo de comerme las uñas el hombre raro se irá lejos”.

7) Los pavos lo hacen hasta con un palo
Martin Schein y Edgar Hale, de la Universidad de Pennsylvania, se dedicaban a estudiar el comportamiento sexual de los pavos allá por los años 60. Descubrieron que las aves no son muy exigentes a la hora de elegir pareja.
Cómo llegaron a esa conclusión es lo peor de todo… tomaron un pavo hembra y le fueron cortando partes del cuerpo hasta que el pavo macho perdió interés. Incluso cuando lo único que quedaba era la cabeza en un palo, los machos seguían excitándose…

8- Perros de dos cabezas
El cirujano soviético Vladimir Demikhov creó un perro de dos cabezas en 1954. Unió la cabeza de un
cachorrito al cuello de un pastor alemán. La segunda cabeza podía tomar leche, si bien no lo necesitaba, pero el tema era que la misma chorreaba por el cuello, ya que el esófago no estaba conectado. Ambos animales murieron por culpa del rechazo de tejidos, pero eso no detuvo a Demikhov para crear 19 animales bicéfalos más en los siguientes 15 años.

9) El doctor que tomaba vómitos
Según Stubbins Ffirth, médico de Filadelfia en el 1800, la fiebre amarilla no era una enfermedad infecciosa, y lo probó en sí mismo. Primero se echó vómito en heridas abiertas, luego lo tomó. No cayó enfermo, pero no porque la fiebre amarilla no fuese infecciosa. Luego fue descubierto que debía ser inyectada a la corriente sanguínea, que solía ser por un mosquito.

10) Ojos bien abiertos
Ian Oswald, de la Universidad de Edinburgo, quiso estudiar condiciones extremas para quedarse dormido en 1960. Para eso les puso cinta en los ojos a los voluntarios mientras les ubicaba un banco de luces de flash a 50 cm frente a ellos, y ubicaba electrodos a sus piernas que les administraba shocks eléctricos. También les ponía música con el volumen muy alto.
Los tres sujetos del experimento pudieron dormirse en 12 minutos. Oswald especuló que la llave de todo era el estímulo monótono y regular…

Experimentos con humanos

El más famoso de todos fue recogido por la película ‘El Experimento’ (2001), que se inspiró en la intención de Philip Zimbardo de estudiar las estructuras de poder del sistema de prisiones, para comprobar por qué eran lugares tan violentos. Utilizó dos grupos de voluntarios y los dividió en dos grupos, funcionarios de prisiones y prisioneros: en pocos días los vigilantes habían desarrollado castigos para unos reclusos que pronto empezaron a amotinarse. Hasta el propio científico se adentró en su propia paranoia y avisó a la policía para evitar posibles fugas. Solamente querían continuar los carceleros en la ficticia prisión.

En el libro de Boese hay experimentos más desagradables, entre los que destacan las experiencias con la aplicación de electricidad en los cadáveres humanos a finales del siglo XVIII (algo que Mary Shelley inmortalizó en ‘Frankenstein’). A principios del siglo XIX el doctor Stubbins Ffirth investigó la fiebre amarilla utilizando el vómito negro característico de la manera más escatológica posible: en su propio cuerpo. Luego se supo que se transmite por picaduras de mosquito. No obstante, uno de los experimentos más estrambóticos es el del psicólogo Winthrop Kellogg, que quiso criar a un mono como si fuera un bebé, utilizando a su propio hijo, educándolos a la par. Tras un año, el resultado fue inverso: el niño acabó utilizando los mismos sonidos que el mono para comunicarse.